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Brasil es una de las naciones más ricas del hemisferio sur, pero es también una de las más desiguales. Las disparidades económicas exacerbadas crearon desigualdades brutales en distintas esferas, incluyendo el acceso a la justicia. A pesar de su exitoso proceso de democratización, Brasil todavía sufre de violencia endémica, un patrón enraizado de abuso policial y prácticas inaceptables de juicio y encarcelamiento, entre muchos otros problemas. Estas cuestiones emergen de forma desigual entre la población pobre y grupos vulnerables que poseen un acceso limitado a las cortes. Esta frágil condición está agravada incluso por el hecho de que el litigio estratégico en derechos humanos y la abogacía pro bono de interés público son escasamente conocidos o practicados en el país.
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